Iglesias de Ussel, Julio.

Catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, y antes en la de Granada donde ha sido Director de Departamento y Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Ha dirigido más de treinta tesis doctorales, cursos de doctorado, Grupos de Investigación, Congresos y Seminarios. Ha participado en numerosas actividades académicas en numerosos países europeos y americanos. Desde el 2000 al 2004 ha sido de Secretario de Estado de Educación y Universidades.

Es Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que desde 1996 era Académico Correspondiente. Es miembro fundador de la Academia de Ciencias Sociales y del Medio Ambiente de Andalucía y de la Real Academia de la Mar.

Ha publicado treinta libros y más de un centenar de artículos profesionales y capítulos de libros en, sobre todo, sociología del cambio social, de la familia y de la vida cotidiana.

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Nº 301  2ª Etapa  |  Director: Juan E. Iranzo  |  19/12/2018

El Estado social y el ciudadano

Pedro Francisco Gago Guerrero

La existencia de una profunda crisis derivada de la intensa mutación de la sociedad contemporánea es un hecho incuestionable. Se podrá debatir la génesis de esa crisis pero pocos discutirán la multidimensionalidad de las transformaciones a las que deben hacer frente hoy los ciudadanos y sus dirigentes. La crisis económica europea sin duda ha acelerado y profundizado la crisis, pero es evidente que sus manifestaciones más hondas hay que encontrarlas en las dimensiones culturales y los sistemas de valores de nuestras sociedades.
Probablemente aquí se encuentre una de los más relevantes aciertos del nuevo libro que nos ofrece Pedro Gago. Brillante profesor universitaria con una larga y certera saga de investigaciones en materias de filosofía jurídica y política de la que su análisis sobre El Estado social y el ciudadano es desde luego su brillante cúspide.

El autor analiza la crisis en la Teoría del Estado y del Derecho y su puesta en práctica en la vida política y jurídica, al haber quedado afectadas por grave crisis de la cultura. Especialmente apunta como probatura, la extensión falaz del formalismo de las corrientes colectivistas, como antítesis de la creatividad y de la libertad. En el trabajo se sostiene que tras la apariencia liberadora de los colectivismos, han surgido nuevos servilismos, habiéndose introducido sin muchas dificultades en la conciencia social. Ante el fracaso de sus proyectos, la estrategia colectivista tiene como objetivo destruir cualquier orden constituido y sustituirlo por un obsoleto mecanicismo organizacional: la politicidad sin significación vital. De lo que se infiere que el sistema colectivista, un situacionismo retrógrado, siempre impedirá que el individuo tenga la posibilidad de manejar su vida con pleno dominio.

El trabajo evita la especulación. Busca en la realidad las ideas claves para entender el contexto estudiado. Destaca como rasgos relevantes de nuestra contemporaneidad el dominio ideológico del colectivismo que ha creado una mentalidad basada en la degradación de casi todo lo existente, desembocado en un nihilismo de nuevo cuño que tiene como misión pervertir al individuo y eliminar al ciudadano. Pero advierte que, a su juicio, no se puede atribuir responsabilidad principal en ello al Estado Social, aunque se haya convertido en un eficaz instrumento para la expansión ideológica.

Para desarrollar este argumento, en el libro se expone el desarrollo histórico del Estado, resaltando la aportación de Maquiavelo con quien aparece la política como campo normativo autónomo y el Estado de seguridad Hobbesiano, por tratar de introducir la vida social en una maquinaria, machina machinarum, poniéndose las bases para que disolver las libertades sociales, una vez se logre someter la conducta de los individuos a la máxima disciplina. La idea del autor es que las transformaciones del Estado se deben mucho más al deseo de seguridad que a la defensa de la libertad. Es decir, que el Estado no sólo habría crecido por la tendencia dinámica del propio poder, sino por las exigencias de las sociedades de ser protegidas, muchas veces olvidándose de la libertad.

Pedro Gago sostiene que el principio liberal de que la sociedad debe controlar el poder para preservar los derechos del ciudadano, ha limitado la arbitrariedad del Estado, pero al haber perdido influencia, el progresismo colectivista le ha remplazado extendiendo la doble moral, de modo que la forma de ejercicio tanto del poder político, como de la Administración, cuando se convierte en burocracia, permitirá ocultar las intenciones en su actuación. A su juicio, en este largo desarrollo, la aparición de las doctrinas colectivistas son las que han conducido al Estado a convertirse en un aparato que sigue defendiendo unos principios y valores proclamados en las constituciones, pero cuya tendencia, prevista por Tocqueville, ha desembocado en un totalitarismo suave, imperceptible para muchos ciudadanos. El autor defiende que el Estado contemporáneo, al formar su espíritu con los contenidos del colectivismo, se proyecta como Estado cultural, instrumentalizando la educación, medio principal para imponer la decrépita ideología, tan simple como fuerte, pero incapaz de ofrecer otros caracteres que posibiliten una mejora de la condición humana.

Serán los intelectuales y la parafernalia que rodea a las instituciones y a los grupos afines, los que primero asuman con desesperanza un nihilismo que podría precipitar a la Civilización hacia la decadencia. El proceso iniciado de degradación cultural y moral, con la lógica repercusión en todos los órdenes, especialmente en el político y en el jurídico, afecta a los ciudadanos sobre todo cuando se debilitan o eliminan las raíces con las que mejor puede afrontar la vida social y realizarse como persona. Se entiende entonces que el ciudadano se haya convertido en una categoría administrativa, sin objetivos políticos, puesto que el propio Estado carece de ellos. De este modo, el individuo apenas podrá asumir un proyecto colectivo, ya que la única posibilidad de afirmarse como integrante del Estado, sería incorporándose a cualquiera de los grupos con los que simpatiza, por interés, o, en menor medida, por sentimentalismo ideológico. ¿Qué sentido tendrá para él la patria o la nación?

El estudio del profesor Gago no es un status quaestionis, al exponerse las raíces de las que surge buena parte de la conducta humana, y que tiene su fundamento en la historia del pensamiento, de las ideas políticas y de las creencias ideológicas, que proceden, siguiendo a Raymond Aron, de las religiones seculares. Asimismo defiende la necesidad de recuperar la tradición política como única salida al fracaso de las ideologías, que han propiciado las experiencias impolíticas, e instado a la ruptura y a la aparición del sospechoso, como sustituto del ciudadano. Se sostiene que la recuperación de la sabiduría, en modo alguno incompatible con el desarrollo de la tecnociencia y con la autenticidad de la realidad, es lo único que puede detener la rápida aceleración de la decadencia de la Civilización.

La obra refleja un compromiso pleno con la libertad y por eso mismo critica sin dobleces sus obstáculos. Coincide en ello, por ejemplo con J-F. Revel, en la intención de eliminar la dispensa de cualquier acción del colectivismo. Un colectivismo que erosiona la convivencia social y, por decirlo en una terminología hoy en desuso –quizá erróneamente-, implantando una sociedad y unos individuos “unidimensionales”. Una base social con evidentes riesgos para la construcción de una sociedad con plenitud.

El análisis de Pedro Gago –hecho, y merece destacarse, con elegante estilo literario que hace fácil y comprensible su lectura, incluso en aquellas partes más densas-, revela desde luego la preocupante situación cultural de la sociedad de hoy. Y lo hace de manera comprometida, sin dudar de apostar por opciones por duras que parezcan al lector. Pero no es un estudio pesimista el que nos ofrece; su diagnóstico se asienta en la descripción de una dinámica social con tendencias sin duda preocupantes, pero su apuesta clara en valores emancipatorios como la libertad convierten al Estado Social y el ciudadano no solo en una excelente radiografía de nuestro tiempo, sino también en una guía de acción a la altura de los desafíos ante los que nos encontramos inmersos. Me resulta obligado pues agradecer a Pedro Gago este estimulante testimonio intelectual del compromiso por un mundo mejor que contiene su obra. El Estado social y el ciudadano. Nos ha ofrecido un excelente testimonio de los derroteros de nuestra cotidianidad, cuya lectura recomiendo vivamente, que ensanchará las perspectivas analíticas de uno de los problemas cruciales de nuestro tiempo.

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El Estado social y el ciudadano
Pedro Francisco Gago Guerrero
Ed: Difusión Jurídica
Páginas: 345

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